El legado del obispo de la Amazonía peruana: Juan José Larrañeta celebra sus 50 años de episcopado

Este próximo 20 de junio se celebran las bodas de oro del nombramiento de monseñor Juan José Larrañeta como obispo del vicariato apostólico de Puerto Maldonado, en la Amazonía peruana. Nacido en Villava (Navarra) en una familia profundamente religiosa, su vida ha sido un puente entre su tierra natal y la selva peruana, a la que ha dedicado gran parte de su existencia. Tras ser ordenado sacerdote en abril de 1965 y ejercer como profesor universitario en Córdoba, Larrañeta sintió la llamada de la misión. Decidió dar un giro a su vida y partió hacia Perú, llegando en septiembre de 1972 para unirse a la labor evangelizadora que los dominicos realizaban en la Amazonía, con capital en Puerto Maldonado. Poco después de su llegada, en 1976, fue consagrado obispo con tan solo 34 años, convirtiéndose en el más joven del mundo en aquel momento. Fue destinado como auxiliar del también navarro monseñor Javier Ariz, en una región que, según el misionero Ignacio Iraizoz, requería "gente joven con muchas fuerzas y, sobre todo, una moral a prueba de todo lo que tiene que tener un misionero". Su compromiso con el pueblo peruano le llevó a aprender quechua y a obtener la nacionalidad peruana siete años después de su llegada. Su labor se ha caracterizado por una total dedicación a los más necesitados, destacando por "su sencillez, su cercanía y generosidad en todo lo que significase ayudas y emprendimiento a los más necesitados". Mons. Larrañeta ha sido el artífice de múltiples postas médicas y de un proyecto de salud de gran envergadura a través de Medicus Mundi Navarra. Además de su labor social, fundó un monasterio de religiosas de clausura en Quillabamba e impulsó un seminario de sacerdotes diocesanos para paliar la escasez de religiosos dominicos en la zona. Su liderazgo y capacidad de consenso le valieron ser elegido en dos ocasiones presidente de la Conferencia Episcopal del Perú. Fue visto como "un elemento de integración y unidad que en aquel momento hacía falta" en el episcopado peruano, un reconocimiento a sus cualidades a pesar de ser un obispo "venido de la selva". Tras retirarse para dar libertad a su sucesor, sus labores no cesaron. Actualmente, a sus 84 años y con una salud delicada, es atendido en la residencia del convento de Dominicos de Villava. A la celebración de sus bodas de oro asistirá monseñor David Martínez de Aguirre, su sucesor, para conmemorar juntos una vida de ejemplo y servicio al prójimo.