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Congreso busca cerrar el paso a 'falsos indígenas' en elecciones; preparan sanciones por usurpación de identidad
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Congreso busca cerrar el paso a 'falsos indígenas' en elecciones; preparan sanciones por usurpación de identidad

Con el objetivo de impedir que personas ajenas a los pueblos originarios utilicen la autoadscripción indígena para obtener candidaturas o cargos de representación popular, el Congreso del Estado de Morelos prepara una reforma constitucional que contempla sanciones para quienes incurran en esta práctica. La diputada Guillermina Maya Rendón informó que la iniciativa plantea modificaciones al artículo segundo bis de la Constitución Política del Estado de Morelos, a fin de fortalecer la representación auténtica de las comunidades indígenas y evitar que se repitan casos registrados en procesos electorales anteriores, donde personas sin vínculo con los pueblos originarios ocuparon espacios reservados para este sector. Refirió que uno de los ejes centrales de la propuesta será establecer que la Asamblea General de cada comunidad indígena sea la única autoridad con facultades para reconocer y validar la autoadscripción de quienes aspiren a participar bajo acciones afirmativas, con lo que se busca eliminar simulaciones y dar certeza jurídica a los procesos electorales. "Lo que se pretende es garantizar que las candidaturas destinadas a los pueblos indígenas sean ocupadas por personas que realmente pertenezcan a sus comunidades y cuenten con su respaldo", señaló. Maya Rendón destacó que la iniciativa también busca proteger los derechos político-electorales de los pueblos originarios, al impedir que la figura de la autoadscripción sea utilizada de manera indebida para obtener ventajas electorales. Indicó que, como parte de la construcción de la reforma, existe coordinación con el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac), con el propósito de diseñar mecanismos que fortalezcan la verificación de la identidad indígena y eviten irregularidades en las próximas elecciones. Respecto a las sanciones que se aplicarían a quienes usurpen una identidad indígena con fines electorales, la diputada precisó que el Congreso aún analiza las medidas que integrará la iniciativa, por lo que el contenido definitivo se definirá durante el proceso legislativo. #Politica

23 de julio de 2026Launion Maxico
Ley de Semillas bajo amenaza: el Gobierno a favor de las corporaciones del agronegocio
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Ley de Semillas bajo amenaza: el Gobierno a favor de las corporaciones del agronegocio

Con dos resoluciones orquestadas por el Ministerio de Desregulación, se modificaron de facto aspectos fundamentales de la Ley de Semillas que las corporaciones intentaban torcer hace décadas. El Ejecutivo habilitó el control de las empresas semilleras sobre los cultivos de los productores y el patentamiento de nuevas variedades. La privatización de las semillas como política de Estado y la organización social para defender el alimento. Las semillas, una vez más, vuelven a ser tema de agenda. La cartera de Desregulación y Modernización del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, impulsó modificaciones en los marcos regulatorios de los organismos de patentes y semillas que habilitan el proceso de privatización de los recursos fitogenéticos. En las sombras y de manera completamente antidemocrática, la aprobación de la Resolución Conjunta N° 3 y la derogación de la Resolución N° 283 modifican aspectos fundamentales de la Ley de Semillas (20.247), vigente desde 1973. Por un lado, habilitan el control de las empresas semilleras sobre lo que los productores plantan en sus campos a partir de la toma de muestras en los acopios. Por el otro, se abre la puerta para permitir la privatización de la vida y, en este marco, de la propia semilla a través de la modificación del régimen de patentes. Tal y como ocurrió en la década de los 90 —cuando se creó la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria, en 1991, y se aprobó la soja Roundup Ready, resistente al herbicida glifosato, en 1996 —, los cambios más radicales en torno a la estructura de la producción agraria en Argentina se hicieron, nuevamente, a través de actos reglamentarios de bajo nivel jerárquico. Aun así, esta avanzada antidemocrática para la privatización de la semilla no es el resultado de una “mera imitación” de las épocas doradas del neoliberalismo, sino el aprendizaje del capital, luego de cuatro décadas de resistencia de las organizaciones sociales, agrarias y urbanas, que evitaron la modificación de la ley y resguardaron las semillas. La necesidad imperiosa de las corporaciones por avanzar sobre este recurso estratégico ha tenido múltiples intentos previos. La avanzada política, los intentos de modificar la Ley de Semillas Si bien durante la década de los 90 se configuraron los instrumentos necesarios para consolidar los “derechos de obtentor” —que otorga la propiedad de una nueva variedad de semilla— como la creación del Instituto Nacional de Semillas (Inase), en 1991, y la ratificación del acuerdo de la Unión para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) 78 , en 1994, fue recién en 2012 cuando se promovió con fuerza la modificación de la Ley de Semillas. Ese año, en un contexto de boom de exportación de soja en el que Argentina se posiciona como la tercera productora global de cultivos genéticamente modificados (GM) —con más de 32 millones de hectáreas totales, de las cuales 19 millones correspondían a soja transgénica—, Cristina Fernández se reunió con la corporación Monsanto . En dicho encuentro se acordó la instalación de una planta de semillas GM en Córdoba, la liberación de la soja “Intacta” (una nueva versión GM de Monsanto) y la presentación de un proyecto de ley, que buscaba redefinir los mecanismos de producción, comercialización y propiedad de las semillas en nuestro país, fortaleciéndonos globalmente como “defensores de las patentes”, según declaró la presidenta en ese momento. La soja Intacta siguió su camino y se sumó a la lista de semillas GM, que crecía sin prisa, pero sin pausa (alcanzando las 29 variedades en ese entonces). En cambio, el pueblo de Malvinas Argentinas, en Córdoba, con una fuerte resistencia que duró cuatro años, consiguió evitar que la planta de Monsanto se instalara. A través de la lucha, los acampes, las presentaciones legales y una exitosa nacionalización del conflicto, se frenó el desembarco de la multinacional. Semillas Mientras tanto, la resistencia contra la reforma de la Ley de Semillas también crecía. La articulación de la Campaña contra la Ley Monsanto de Semillas rechazó los aspectos fundamentales del proyecto de ley que habilitaban la privatización del recurso a través de múltiples estrategias de visibilización, actividades públicas y la intervención en audiencias parlamentarias. Sólo un par de años después, bajo el gobierno de Mauricio Macri, volvió a abrirse el proceso . Este nuevo intento apuntaba, otra vez, a modificar el corazón de la ley con el objeto de habilitar la privatización. Pero, ¿cuáles eran los aspectos focales de estos cambios? En primer lugar, se tornaba fundamental catalogar a las semillas como “creaciones fitogenéticas u obtenciones vegetales”. La revalidación conceptual de la semilla permitiría reconocerla como un “descubrimiento” o un “invento”; una especie de tecnología cuyo conocimiento debía ser “apropiado” —según las empresas— para favorecer la innovación. De esta manera, la semilla se volvía susceptible de apropiación privada, sin importar si era genéticamente modificada o si se trataba de variedades criollas y nativas. En segundo lugar, las modificaciones tendían a fortalecer el poder de policía del Inase y de los actores privados. Esto garantizaba que las empresas, ante la sospecha de que sus derechos de propiedad intelectual estuvieran siendo vulnerados, pudieran acceder a campos o silos en cualquier lugar y disponer la toma de muestras en cualquier etapa de la cadena de producción. Finalmente, como aspecto central, la reforma buscaba eliminar el “derecho de uso propio” de los agricultores para transformarlo , en el mejor de los casos, en una mera “excepción”. Así, las empresas podrían requerir el pago de regalías por una variedad protegida a quien reserve y utilice semilla para su uso propio en cada posterior propagación o multiplicación. De esta manera, el uso propio dejaría de ser un derecho, garantizado incluso por acuerdos internacionales ratificados por Argentina —como la (UPOV) en su versión de 1978 y el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), conocido como Tratado de Semillas—. Así se buscaba borrar de un plumazo el reconocimiento al rol histórico que los productores han tenido en el mejoramiento de la agricultura . Si bien el trabajo de visibilización y presión de las organizaciones sociales y campesinas, junto con el posicionamiento —a veces ambiguo y a veces moderado— de la Federación Agraria Argentina (FAA), consiguieron frenar la reforma legislativa, la disputa no terminaría allí . Las grandes corporaciones buscarían múltiples estratagemas para avanzar, habiendo asimilado un aprendizaje fundamental: cuanto más se abriera la discusión parlamentaria, más funcionaria como un caja de resonancia de los diversos posicionamientos sociales y más difícil sería modificar los marcos regulatorios. Por eso, comenzaron a ensayar otros caminos. La avanzada judicial, una genética corporativa En noviembre de 2020, el Juzgado Federal Civil y Comercial N° 8 de la Ciudad de Buenos Aires le reconoció a la empresa Bayer-Monsanto el derecho de patente sobre la secuencia genética MON 89788, la cual otorga tolerancia al herbicida glifosato en los cultivos de soja. El fallo alegaba que la tarea inventiva de la empresa merecía el otorgamiento de un derecho de propiedad industrial. Este reclamo judicial había sido iniciado en paralelo a las discusiones legislativas, interpelando a otro poder del Estado mucho menos permeable a la participación de la ciudadanía. Sin embargo, las contradicciones emergieron de la propia estructura estatal. Ese mismo año, el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) apeló este fallo favorable a la multinacional . Tras ser ratificado por la Cámara de Apelaciones en 2022, el organismo volvió a apelar, llevando la resolución ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En dicha apelación, el INPI planteaba la incompatibilidad del patentamiento de una semilla con la legislación nacional expresada en la Resolución Administrativa N° 283, la cual clarificaba los principios fundantes de la Ley de Patentes en Argentina . El INPI establecía que: Las secuencias genéticas no pueden ser patentadas, ya que son una parte inescindible de la semilla, es decir, de un ser vivo. Las semillas, brotes, tallos, células, frutos, bulbos, tubérculos, yemas, flores, moléculas de ADN y genes son un todo que no puede ser separado o modificado sin alterar al resto. Las semillas y sus partes no son patentables debido a la vigencia de la Ley de Semillas y de la UPOV 78 (que estipulan que la apropiación de las semillas se rige por los derechos de obtentor y no por las patentes). La propia Ley de Patentes de nuestro país prohíbe explícitamente el patentamiento de la vida y de sus componentes partes, determinando que no puede patentarse una planta incluso si la intervención técnica del hombre a través de procedimientos biotecnológicos ha sido significativa. A pesar del carácter aclaratorio de la intervención del INPI y de la presentación de un amicus curiae por parte de múltiples organizaciones sociales, asociaciones de productores de la agricultura familiar y pueblos originarios —quienes reclamaban una participación democrática—, la Corte Suprema convalidó el derecho de patente de Bayer-Monsanto en 2023 . De esta forma, la justicia avaló el patentamiento por vía de los hechos, dando un paso que no se había podido concretar legalmente y desconociendo los reclamos de la sociedad civil. Organizaciones sociales y campesinas contra la privatización de la vida Resoluciones y tratados comerciales a pedido de las corporaciones semilleras A principios de junio empezaron a circular las novedades. El proceso de privatización de semillas ya no era necesario discutirlo en el Congreso ni dirimirlo en instancias judiciales. Los cambios vendrían desde lo más profundo de los pasillos institucionales. El Poder Ejecutivo publicó la Resolución Conjunta N° 3 —firmada por el titular del Inase, Martin Famulari; y el titular de la Secretaría de Agricultura, Sergio Iraeta—, en la que establece un protocolo para el control de la identidad varietal de los granos . Este marco habilita a que empresas privadas, de manera descentralizada, tomen muestras e identifiquen la variabilidad genética de los cultivos. Si bien la resolución se adjudica un mero objetivo registral, también plantea que “el titular de la variedad identificada podría efectuar la denuncia”. Las intenciones de esta medida quedaron rápidamente al desnudo: la identificación del origen o “dueño” de las variedades genéticas utilizadas en los campos es, tal como muestra la historia, el inicio de una seguidilla de juicios a los productores agropecuarios que utilicen semillas de empresas como Bayer-Monsanto o Syngenta . Al igual que sucedió en Estados Unidos, este es el primer paso necesario para habilitar el cobro compulsivo de regalías por patentes. Pocos días después, se derogó la mencionada Resolución N° 283 del INPI mediante la Resolución N° 197 . Así, la herramienta normativa que había sido utilizada por el propio instituto para frenar el patentamiento de la secuencia genética de la “Soja Intacta” desapareció mediante un simple acto administrativo. Con estos movimientos se empezaron a barrer los obstáculos para facilitar la reforma fáctica de la Ley de Semillas. Permitir que los privados tomen muestras en los campos implica delegar un poder de policía estatal en manos corporativas. Alterar las dinámicas de aplicación de una ley mediante resoluciones administrativas que contradicen la legalidad vigente genera ruidos que, a mediano y largo plazo, vuelven “inevitable” la modificación legal de fondo. Y en este escenario, está claro quiénes se benefician. A estas presiones regulatorias domésticas se suma la geopolítica global en su arista más feroz. Las históricas demandas de las corporaciones semilleras para reforzar los marcos de propiedad intelectual se consolidan de manera explícita en el Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y Argentina . El acuerdo (en su Anexo 3, artículo 1.9) exige que el país ratifique el convenio UPOV 91 —que profundiza el control a favor de las corporaciones, limitando el derecho de uso propio— y el Tratado de Budapest, sobre el reconocimiento internacional del depósito de microorganismos a los efectos de los procedimientos en materia de patentes. La ratificación de esos acuerdos, por un lado, busca la doble protección de las semillas a favor de las corporaciones (vía derechos de obtentor y cobro de patentes) y, por el otro, promover el patentamiento del ADN, líneas celulares, embriones e incluso plantas enteras. Aunque el acuerdo se firme con Estados Unidos, beneficiará a las multinacionales concentradas de todo el mundo. Este avance profundiza las dinámicas de mercantilización del capitalismo agrario global, habilitando el control oligopólico de un mercado en el que apenas cinco empresas —Syngenta, Corteva, Basf, Bayer-Monsanto— dominan las semillas a nivel mundial. Esto se traducirá en el alza de los precios de los insumos agrarios y, en consecuencia, de los alimentos, obligando a los productores no sólo a comprar la semilla, sino a pagar regalías perpetuas por su uso . Organizarse y resistir a la privatización de la vida La historia nos brinda un dato contundente: desde la década de los 90, la privatización de las semillas es un proyecto de Estado . Sin importar el signo político de turno, y buscando diversos recovecos para su implementación, los intentos por avanzar en la apropiación de los bienes comunes por parte del capital han marcado la agenda de la regulación agraria en Argentina. En este sentido, no es menor que las resistencias más firmes hayan provenido de la sociedad civil y de los sectores que escapan al organigrama estatal de la agricultura transgénica. Tampoco es casualidad que la estrategia actual evite deliberadamente los debates parlamentarios y la discusión democrática. Lo que está en juego es vital. La semilla es el eslabón inicial de la cadena alimentaria; quien la controle definirá la totalidad del proceso productivo y, en última instancia, qué comemos día a día. En los países donde las corporaciones lograron imponer estas normativas, el panorama es el mismo: persecución de agricultores, criminalización del intercambio de semillas, destrucción de cosechas y un férreo control corporativo sobre los precios, en detrimento de la soberanía alimentaria y tecnológica. Quienes construimos soberanía alimentaria debemos ponernos en alerta. No podemos subestimar estas resoluciones tratándolas como “reformas menores”. Aunque en lo inmediato parezcan afectar a un sector específico del agro, constituyen los cimientos de un proyecto que se intenta imponer desde hace más de 40 años. Rechazar estas resoluciones, defender la Ley de Semillas frente a las modificaciones corporativas y denunciar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (al igual que todos los tratados que buscan profundizar los marcos de propiedad intelectual) es una tarea urgente e impostergable. La privatización de las semillas legitima la expropiación de los conocimientos tradicionales de miles de campesinos y productores familiares, lesionando formas de producción sustentables como la agroecología , que nos alimenta respetando el ambiente y la salud, contruyendo dinámicas comunitarias y de compañerismo con un horizonte emancipatorio . Si el proyecto de construcción de la “República Unida de la Soja” se impulsa desde las oficinas del Estado argentino, somos las organizaciones campesinas, los productores de la agricultura familiar, las asociaciones de consumidores y las asambleas ambientales quienes tenemos la obligación de activar el botón que reinicie la lucha contra ese proyecto, en defensa de nuestras semillas, por la agroecología y la soberanía alimentaria. Carla Poth es politóloga, investigadora y docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento

23 de julio de 2026El Diario Ar
Cultura del café y música sonidera se reunirán en el Museo Regional de Cholula
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Cultura del café y música sonidera se reunirán en el Museo Regional de Cholula

Productores de café de Naupan, Huitzilan, Xicotepec de Juárez, Huehuetla, Zongozotla, Cuetzalan y Tlahuiltoltepec , además de artesanos, emprendedores, baristas y artistas , se reunirán en el Museo Regional de Cholula como parte del primer Coffee Fest , que será el domingo 26 de julio , a partir de las 10 horas , con entrada libre . Al festival, que reunirá a 16 cafeterías locales , se sumará la música sonidera , concebida como una expresión cultural que demuestra que la cultura también es popular y pertenece a todos y a todas. Puedes leer: Puebla lidera rendimiento nacional en producción de café; es sostenida por 33 mil familias de pueblos originarios Al presentar el festival, Rosario Vega Briones , directora del museo, señaló que actos como este significan una nueva forma de entender a los museos del siglo XXI para verlos como espacios vivos, abiertos y cercanos a la gente, pues un museo no solo conserva el patrimonio, sino que también crea comunidad, fomenta el diálogo y reconoce las expresiones culturales que dan identidad. "Los museos no solo son museos por las piezas que resguardan, sino por las personas que logra reunir. Un museo vacío puede conservar objetos, pero un museo lleno hace comunidad y mantiene vivo el patrimonio", dijo, acompañada de Adriana Moreno Sánchez, directora operativa del Organismo Público Descentralizado Museos Puebla. Consulta: En San José Chiapa estará instalada la nueva planta de café soluble de Bienestar: Albores La entrada Cultura del café y música sonidera se reunirán en el Museo Regional de Cholula aparece primero en La Jornada de Oriente .

23 de julio de 2026Lajornadadeoriente Mx
Jesús Plácido: de defensor de la Montaña a preso en el Altiplano
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Jesús Plácido: de defensor de la Montaña a preso en el Altiplano

Por Israel Fuguemann El viernes 17 de julio, Jesús Plácido Galindo trabajaba la tierra cuando una notificación en su teléfono interrumpió su labor. Del otro lado de la pantalla había un mensaje atribuido a Francisco Rodríguez Cisneros, subsecretario de Desarrollo Político y Social del gobierno de Guerrero, según la reconstrucción de las organizaciones que acompañan su caso. El texto lo convocaba a una reunión urgente en Acapulco. Jesús dejó el campo, volvió a su casa y emprendió el viaje junto a su esposa, pero nunca llegó a la cita. A la altura del municipio de San Marcos, decenas de agentes rodearon su vehículo en un retén integrado por policías ministeriales, estatales, elementos del Ejército y de la Guardia Nacional. Su esposa alcanzó a ver cómo lo esposaban y le confiscaban el teléfono celular. También atestiguó cómo destruían el botón de pánico que portaba como beneficiario del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Acto seguido, lo subieron a una patrulla y se lo llevaron. Durante más de veinte horas, su familia desconoció su paradero. Fue hasta el día siguiente cuando se confirmó su traslado directo al penal federal de máxima seguridad del Altiplano, en el Estado de México. Horas más tarde, la Fiscalía de Guerrero informó que el activista era investigado por el homicidio de José Pablo Xanteco Bartolo, miembro de una comunidad indígena, ocurrido el 30 de octubre de 2021. Detrás del anuncio oficial sobre las razones de su captura, se asomaba una contradicción de fondo: el aparato judicial enviaba a una prisión de máxima seguridad a un defensor de derechos humanos bajo cargos del fuero común; un castigo político que las organizaciones interpretaron como máxima expresión de la criminalización. La alerta se propagó entre los pueblos de la Montaña Baja y la Costa Chica. El Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) y el Congreso Nacional Indígena (CNI), respaldados por la Red Todos los Derechos para Todos (TDT) y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, denunciaron que la detención del defensor comunitario forma parte de una estrategia de hostigamiento coordinada por los tres niveles de gobierno. El nombre de Jesús Plácido Galindo está arraigado en decenas de comunidades del sur del país. Su figura es reconocida por recorrer algunas de las regiones más olvidadas para acompañar asambleas, asesorar a autoridades tradicionales, impulsar procesos organizativos y, más recientemente, documentar los cruentos desplazamientos forzados provocados por la violencia criminal en Guerrero y otros estados. Pero, ¿quién es Jesús Plácido Galindo? Para entender por qué su captura desató la indignación de diversos pueblos originarios, es necesario volver varios años atrás, a Buenavista: una pequeña comunidad del municipio de San Luis Acatlán donde comenzó su historia. El hijo de Cirino Enclavada entre la Costa Chica y la Montaña de Guerrero está Buenavista. Allí nació Jesús Plácido Galindo, hijo de una familia mixteca. Desde niño acompañó a su padre en el corte de caña, aprendió el proceso para elaborar panela y a destilar aguardiente. La economía familiar dependía de extenuantes jornadas de agricultura para el autoconsumo. Como ocurría con la mayoría de las familias indígenas, el precio de las cosechas lo imponían intermediarios y comerciantes locales, mientras los caminos, los servicios de salud y las oportunidades seguían siendo inexistentes. Su padre, Cirino Plácido Valerio, llevaba una doble vida. Durante el día era campesino y el resto del tiempo lo usaba para el trabajo comunitario: recorría los pueblos para participar en reuniones, resolver conflictos y construir una forma distinta de organizar la seguridad y la justicia en Guerrero. A mediados de la década de 1990, Cirino se convirtió en uno de los fundadores de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC), un sistema de seguridad creado ante el abandono del Estado. Con el tiempo también participó en la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI), un espacio clave de articulación para los pueblos originarios de todo el país. Junto con su hermano Bruno Plácido formó parte de una generación de dirigentes indígenas que, desde principios de esa década, impulsó el movimiento 500 años de resistencia indígena, negra y popular que surgió en respuesta a la pobreza, la discriminación, la violencia y el abandono que padecían las comunidades de Guerrero. Jesús creció bajo el cobijo de ese legado. Su lengua materna era el me’phaa y durante su infancia no habló español. Cuando salió de Buenavista para continuar sus estudios de preparatoria en Chilpancingo, se topó de frente con el racismo que asfixia a muchos jóvenes indígenas fuera de sus comunidades. El idioma y el origen se convirtieron en motivos de exclusión. La falta de recursos y la discriminación terminaron por obligarlo a abandonar la preparatoria y regresar a su comunidad. Comenzó entonces a trabajar con su tío Bruno Plácido, quien recorría las comunidades de la Montaña vendiendo sal y refrescos. Aquellos viajes por los caminos serranos le permitieron conocer de primera mano la marginación que vivían los pueblos indígenas, pero también la violencia que enfrentan los comerciantes de la región, constantemente asaltados en rutas donde la presencia del Estado era prácticamente inexistente. Esa experiencia terminó de reforzar el aprendizaje que ya había comenzado junto a su padre: la defensa comunitaria no era una idea abstracta, sino una realidad que le atravesaba el cuerpo. Cuando Jesús comenzó a asumir un papel más activo acompañó a su padre en los procesos organizativos que impulsaba en distintas regiones de Guerrero. En 2014, autoridades y habitantes de comunidades de la región de Chilapa buscaron directamente a Cirino para pedirle apoyo frente al incremento de la violencia. Un año después, con el recrudecimiento del conflicto, volvieron a llamarlo. Padre e hijo comenzaron entonces a recorrer la zona para convocar asambleas y fortalecer la organización de alrededor de 30 comunidades nahuas que buscaban hacer frente al avance de los grupos criminales. Guerrero ya se transformaba dolorosamente. A los rezagos históricos de marginación se sumó una violencia que se expandía de forma implacable. Desde Tierra Caliente hasta la Sierra, pasando por las Costas y las dos regiones de la Montaña, el avance de las organizaciones criminales reconfiguró el control territorial, desatando una ola de homicidios, desapariciones y el éxodo forzado de pueblos enteros. En la región de Chilapa, la cruenta disputa entre cárteles como Los Rojos y Los Ardillos terminó por alcanzar a numerosas comunidades nahuas, que de pronto se vieron atrapadas bajo amenazas constantes y enfrentamientos armados. Ante la emergencia, las asambleas comunitarias dejaron de concentrarse únicamente en gestionar caminos, escuelas o proyectos productivos; sus agendas dieron un vuelco urgente hacia cómo proteger la vida frente al colapso de la seguridad. En ese contexto, el acompañamiento que hasta entonces Jesús había realizado junto a su padre comenzó a transformarse. Organizar asambleas ya no significaba solo fortalecer la vida comunitaria; también implicaba responder a comunidades que buscaban protegerse de una violencia cada vez más extendida. Esa experiencia marcaría el rumbo que asumiría en los años siguientes, cuando las comunidades comenzaron a buscarlo para que las acompañara en medio de una crisis que no dejaba de crecer. El relevo del legado La muerte de Cirino Plácido Valerio, en 2019, dejó un vacío complejo de llenar en Guerrero. Tras décadas de acompañar procesos organizativos en la entidad, su fallecimiento empujó a los pueblos originarios a buscar a Jesús para dar continuidad a ese legado. Su perfil distaba de la imagen tradicional de un dirigente vertical. Quienes caminaron a su lado lo recuerdan recorriendo veredas, asistiendo a asambleas y acuerpando a las autoridades tradicionales. Bajo la escuela metodológica de su padre, explicaba con paciencia los derechos reconocidos a los pueblos indígenas, el funcionamiento de sus sistemas normativos y el alcance de la Ley 701 de Guerrero, que respalda la justicia comunitaria. Asesoraba en la creación de reglamentos internos y servía como enlace institucional para gestionar carreteras, escuelas, clínicas o ampliaciones de redes eléctricas. “Nomás nos venía a asesorar, a capacitarnos; nos enseñaba cómo dialogar y cómo defendernos con los funcionarios públicos para que no nos manipularan”, relata un integrante del Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ). ‘Nunca lo vimos armado’ El mapa de la entidad se transformaba de forma violenta. La criminalidad que ya asolaba otras regiones comenzó a asfixiar a la Montaña Baja y Chilapa, la cabecera municipal. Este fenómeno de incremento en la violencia ha sido documentado durante más de tres décadas por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, organización que ha seguido de cerca tanto la ruta trazada por Cirino como la labor posterior de Jesús. Los pueblos articulados en la CRAC-Pueblos Fundadores y el CIPOG-EZ enfrentaban el asedio constante de Los Ardillos , grupo al que señalaban de intentar controlar el territorio mediante asesinatos, amenazas y despojos. De acuerdo con los informes de Tlachinollan, la hostilidad permanecía latente a pesar de las narrativas oficiales que presumían una baja en los delitos, y tendía a agudizarse durante los periodos electorales. Esta emergencia reconfiguró el rol de Jesús. Los habitantes ya no solo acudían a él para destrabar una obra pública o entender una ley; comenzaron a llamarlo cuando ocurría un ataque armado, cuando una familia era expulsada de su hogar o cuando se volvía urgente registrar las agresiones. Tras la pérdida de su padre, el activista pasó temporadas enteras habitando en los municipios de la Montaña Baja para apuntalar la resistencia civil. A mayor exposición pública, las amenazas en su contra escalaron. Ante el riesgo inminente, el Estado mexicano terminó incorporándolo al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Desde entonces, sin abandonar las parcelas en Buenavista, Jesús alternaba las jornadas de siembra con incursiones en las zonas más calientes de la entidad. Su labor se transformó, pasó de ser un formador interno a convertirse en una de las voces que denunciaban ante el país el desamparo de los pueblos nahuas. Esa visibilidad lo llevaría, meses después, a confrontar abiertamente la narrativa gubernamental sobre la pacificación del estado y a señalar la presunta colusión entre corporaciones policiacas y el narcotráfico. Ese quiebre marcó el inicio del pasaje más peligroso de su vida. Romper el cerco La violencia nunca se ha ido de Guerrero, solo cambió de intensidad, de actores y de geografías. De acuerdo con Tlachinollan, las organizaciones criminales han permanecido durante años disputándose el control regional, aun cuando las cifras alegaran lo contrario. No obstante, existen coyunturas donde la disputa arrecia. Una de ellas son los procesos electorales, cuando la presión sobre las comunidades indígenas suele intensificarse. Eso ocurrió en mayo de 2026. Entre el 2 y el 12 de ese mes, los pobladores de la Montaña Baja denunciaron una serie de embates atribuidos a “Los Ardillos”. Según los testimonios, comandos armados dispararon contra varias localidades y utilizaron drones con explosivos para hostigar a la población. El saldo consistió en nuevos homicidios, familias desplazadas y pueblos enteros bajo sitio. Durante años, buena parte de ese terror permaneció confinado a las zonas de la sierra. Las denuncias rara vez trascendían las fronteras comunitarias. Tras los ataques de mayo de 2026, ese aislamiento comenzó a fracturarse. Los habitantes trasladaron su exigencia a conferencias de prensa, misiones de observación civil, entrevistas y encuentros con corresponsales nacionales. La crisis humanitaria, históricamente marginada del debate público, se volvió visible fuera del estado. Jesús Plácido Galindo fue una de las voces más visibles de esa apertura. Durante esos días acompañó a activistas de derechos humanos y representantes civiles para documentar las agresiones y exigir la intervención de las fuerzas federales. En sus declaraciones reclamó directamente al gobierno de Evelyn Salgado que garantizara la seguridad en la región, detuviera a los perpetradores y desarticulara a “Los Ardillos”. También denunció la supuesta colusión entre autoridades municipales y estatales con dicho cartel, señalamientos que sostuvo firmemente ante la prensa. Para el equipo de Tlachinollan, el viraje fundamental no estuvo solo en la dureza de las palabras, sino en que lograron romper un cerco informativo de años. Las comunidades dejaron de hablar únicamente entre ellas y comenzaron a interpelar al poder central. Jesús se convirtió en uno de los rostros indiscutibles de esa interpelación. Las semanas siguientes estuvieron marcadas por una asfixiante cadena de eventos que las organizaciones consideran represalias directas. Primero, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) congeló una cuenta bancaria del activista; un fondo que, según corroboró Tlachinollan, resguardaba 280 pesos. La captura desató una indignación inmediata en los territorios donde Jesús sembró organización. Habitantes de Buenavista, Alcozacán y otras latitudes de la Montaña Baja, en conjunto con policías comunitarias y autoridades tradicionales, salieron a protestar en las carreteras con bloqueos. Sus pronunciamientos califican el operativo como un golpe político arbitrario: denuncian que, mientras los cárteles gozan de impunidad para sitiar y desplazar comunidades enteras, el Estado prefiere encarcelar a los hombres que las defienden. Para quienes caminaron junto a él, este encierro no representa un simple expediente penal contra un líder indígena. Se suma a una larga lista de agravios, despojos territoriales y demandas de dignidad que, una y otra vez, intentan desbordar los límites coloniales de Guerrero para ser escuchadas por el resto del país. Hoy, los contingentes continúan protestando desde la Montaña. Las voces vuelven a levantarse desde los mismos pueblos que históricamente han padecido el olvido. Un eco persistente que, demasiadas veces, parece quedarse atrapado entre la geografía de Guerrero.

23 de julio de 2026Noroeste
Preparan consulta en cuatro localidades para reforma a la ley general sobre derechos indígenas
DerechosMéxico

Preparan consulta en cuatro localidades para reforma a la ley general sobre derechos indígenas

El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas prepara consultas en Tehuacán, Canoa –junta auxiliar de la ciudad de Puebla–, Huauchinango y Cuetzalan para poner a consideración los pormenores de la Ley General sobre Derechos Indígenas , informó la diputada local del Partido del Trabajo, Esther Martínez Romano . Expuso que las asambleas se realizarán 23, 28, 29 y 30 de agosto , respectivamente, por lo que llamó a comunidades agrarias, organizaciones ejidales y población en general de estas demarcaciones a participar en los trabajos. Lee: Congreso local ha sido omiso al no homologar reforma sobre pueblos indígenas: Martínez Subrayó que esta consulta indígena es necesaria para sacar adelante las adecuaciones a las leyes secundarias tras la reforma constitucional al artículo 2, que considera a los pueblos indígenas como sujetos de derecho público y garantiza su libre determinación y autonomía. Expuso que independientemente de la consulta, está pendiente la armonización en la constitución local de la reforma al artículo 2 de la Carta Magna que reconoció a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público. Al respecto, Martínez Romano expuso que es necesaria una consulta estatal a los pueblos indígenas para darle fuerza a la reforma. Expuso que sí dará tiempo para que antes de que termine la legislatura actual pueda quedar lista la consulta. En conferencia de medios, la legisladora urgió a la actual Legislatura a aprobar la iniciativa que presentó para reformar el artículo 13 de la Constitución del estado, con el fin de armonizar el marco jurídico local con la legislación federal, la cual incluye la obligación de realizar consultas a los pueblos indígenas antes de aprobar cualquier norma que les afecte. El pasado 11 de mayo, la propia Martínez Romano urgió a la actual Legislatura a aprobar la iniciativa que presentó para reformar el artículo 13 de la Constitución del estado, con el fin de armonizar el marco jurídico local con la legislación federal, la cual incluye la obligación de realizar consultas a los pueblos indígenas antes de aprobar cualquier norma que les afecte. “Tiene que ver con la reforma al artículo 2. Es necesaria una ley general para establecer los derechos. Tendrá efectos directos en la organización comunitaria, el acceso a los recursos y la decisión sobre los asuntos que les afecten”, indicó. Puedes leer: Buscan incluir a 229 comunidades de Puebla en Catálogo Nacional de Pueblos Indígenas para acceder a recursos federales La entrada Preparan consulta en cuatro localidades para reforma a la ley general sobre derechos indígenas aparece primero en La Jornada de Oriente .

22 de julio de 2026Lajornadadeoriente Mx